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domingo, 11 de noviembre de 2012

[Opinión] El eterno culpable


“Un tiroteo en Moscú acaba con la vida de seis trabajadores en un almacén de Moscú”. Ese es el impactante titular de la noticia. Si continuamos leyendo, podremos averiguar que el presunto autor del crimen había roto con su novia, y mostraba desde entonces un comportamiento misántropo en las redes sociales. También aparece el dato de que llevaba cinco días enteros bebiendo alcohol sin parar. Con estos datos sería lógico que, en el caso de buscar algún responsable, se señalara el consumo de alcohol o el desequilibrio mental del acusado como los desencadenantes. Pero no. El informe policial ha decidido decantarse por otra razón: el acusado jugaba a Manhunt.

¿A nadie le suena familiar? Casi todo el mundo recuerda el caso del joven que asesinó a su familia con una katana. En ese caso se decidió que la culpa era del Final Fantasy VIII, un juego del que el acusado se declaraba seguidor. El caso conmocionó al país, y sirvió como base para comenzar una criminalización o caza de brujas hacia los videojuegos, como años antes había ocurrido con el rol y el heavy metal.

Dejando de lado que no recuerdo que el protagonista de Final Fantasy VIII utilizara una katana, culpar a los videojuegos por un crimen que ha cometido una persona no tiene ningún sentido. Afirmar que la violencia virtual lleva a la violencia real es absurdo. Jugar no es más que una forma de evadirse, de entretenerse. Los personajes de los videojuegos no son más que ceros y unos. Pero es más fácil culpar a un sector relativamente nuevo que asumir que el acusado no era mentalmente estable. Al menos tiene más tirón mediático. Los medios más amarillistas adoran este tipo de casos y la polémica que suelen provocar.

Ahora se plantea una ley en Rusia que busca prohibir los videojuegos violentos. Ya han surgido proyectos favoritos en otros países, como Estados Unidos. Es incoherente que ataquen a la industria del entretenimiento, en lugar de, por ejemplo, dificultar el acceso a las armas. Pero claro, las armas dan más dinero. Así seguiremos criminalizando el entretenimiento y la cultura, prohibiendo los videojuegos porque son violentos, el metal porque es satánico, el rol porque te vuelves loco, y hasta los trajes de Batman. Y seguiremos acercando las armas a cualquiera, y cerrando los ojos ante la venta de drogas. Y seguiremos insensibilizándonos ante la violencia real, mientras nos llevamos las manos a la cabeza cuando la vemos en una consola. Porque siempre será más fácil asumir que “fueron los videojuegos” antes que pensar que nuestro hijo tiene problemas mentales.

Dudo mucho que la ley se lleve a cabo realmente, de momento sólo es un proyecto, una simple petición. Pero se trata de un ejemplo más de cómo la sociedad busca chivos expiatorios para ocultar los verdaderos problemas.

martes, 17 de abril de 2012

El nuevo cine se ve en pantallas pequeñas

Muchos puristas dirían que el cine ha muerto. Que ya no se hacen películas con un mínimo de trascendencia, y que muchas pasan directamente al olvido. Eso no es del todo verdad. Como defensora del cine actual puedo afirmar que tiene grandes joyas (Cisne Negro y Origen, sin ir más lejos), pero que están camufladas entre blockbusters del verano, comedias romanticonas con final feliz y películas de acción clónicas en las que se usa la técnica del “copypaste”.

Sin embargo, lo que muchos no dicen es que una parte del cine se ha trasladado. ¿A dónde?, se preguntarán. A la pequeña pantalla. Ahora gran parte de la magia que nos trajo el cine se ha mudado a un formato más pequeño y por capítulos. Pero la emoción sigue siendo la misma. Cada semana vives en 40 minutos lo que sentías cuando ibas al cine. Más la emoción de saber que esa historia continuará, que volverás a ver a los personajes la semana que viene.

Y es que las series de televisión han cambiado. Ya no sólo se ven de reojo a la hora de la siesta. Ahora tienen guiones dignos de la mejor película. Y los seguidores teorizan en Internet sobre lo que va a pasar. Los personajes prácticamente cobran vida, y algunos llegan a convertirse en iconos culturales.

Estas series serán los nuevos clásicos. Se recordará la isla de Lost, que nos hizo teorizar, y su final, que no dejó indiferente a nadie. La fría y cautivadora personalidad de Dexter, que nos rompió los esquemas morales y nos hizo empatizar con un asesino. Los personajes de Breaking Bad, llenos de matices. Los misterios de Fringe, y la personalidad de Walter Bishop en particular. La angustia y tensión que trasmitía The Walking Dead. El erotismo y el carisma de los personajes de True Blood. Las batallas épicas por el trono de Poniente en Juego de Tronos. El realismo crudo de Skins, y la ironía de Misfits.

El cine, por tanto, sigue vivo, pero una parte importante de él ha cambiado a un formato más pequeño, pero igualmente intenso, que vive su época dorada y que nos regalará muchos más momentos como esos.